La Maldición de La Piedra
Mauro Altair

   Cuando la descubrí no pude dejar de mirarla. Paralizado, sentía que me volvía uno con ella. De pronto apareció esa luz que la hizo recobrar vida. Juro que surgió de la piedra y caminó hacia mí; luego de mirarme por un instante exclamó: “Gracias por liberarme… esa mirada tuya ha roto el hechizo… nunca lo olvidaré, volveremos a vernos”. Luego se marchó con un paso suave dejándome el anhelo de ese reencuentro.
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