El
sexo, como todo lo que tocamos en esta vida, puede ser hermoso
o abominable. Podemos desnudarnos a un mero y apurado sentir
placentero, y también podemos desnudarnos a un sentir
de dicha que nos pasea por todo el universo. El sexo puede
ser una experiencia que cambia tu vida cada vez, y puede
ser un arma para manipular y humillar.
Digamos
que un artista de la cerámica hace un jarrón
de forma original y lo decora con arabescos extraordinarios
para terminar con una obra de gran belleza. Imaginemos ese
jarrón lleno de coloridas flores, arregladas con arte
y buen gusto. Estamos hablando de algo hermoso, armónico
e inspirador. Si alguien viene, toma esa vasija y golpea
a otro en la cabeza hasta matarlo, entonces pensamos en el
jarrón como un arma y no como una obra de arte. Lo
mismo ocurre con el sexo. Un violador, que por lo general
no se desnuda, busca el placer físico instantáneo
y fugaz; también el placer psicológico del
control total. Un amante del yoga tártrico se desnuda
en cuerpo y alma buscando llenar de éxtasis a su pareja
y alcanzar la plenitud espiritual. Y es que el sexo es lo
que hagamos de ello… o lo que nos hacen creer de ello.
Nos levantamos en una sociedad que nos inculca valores predeterminados,
y no siempre son sanos o sensatos. El machismo es un ejemplo
de ello.
Pero
el sexo es ante todo naturaleza. No es, ni mucho menos,
una tentación de la mente para obtener un pecaminoso placer
físico, negando el alma, como pretenden algunos cánones
sociales y religiosos. Decir que nuestra sexualidad sólo
cumple una función reproductora es negar nuestro poder
de búsqueda y creación. Contrario a muchas
creencias, especialmente en la cultura occidental, el sexo
es una vía a la pureza y a la comunión universal.
Nuestros impulsos, deseos y fantasías, el goce sexual,
el pensar en ello y satisfacer nuestras necesidades de afecto,
amor, placer y cariño son parte integral de nuestra
esencia.
El
sexo es belleza, comunión y armonía. Sin
duda es una parte de nuestra naturaleza como humanos que
merece ser redescubierta bajo la luz de la libertad. Desgraciadamente
cuando se habla de libertad y sexo suele interpretarse
lo dicho como un clamor por lo bacanal, sin respeto por
nosotros mismos ni por otros. Una sexualidad libre implica,
en el sentido real del término, que no la encasillamos
impidiendo encontrarnos en ella.
Hemos
dicho que nuestra sexualidad en su esencia es naturaleza,
creación, búsqueda, orden universal, armonía,
camino a la pureza, libertad… pero la realidad es
que el sexo suele asociarse a lo sucio, al pecado, a lo
inmoral y, sobretodo, a la culpa. Esto tiene una razón
de ser y debemos explorarlo y entenderlo si pretendemos
llevar una vida plena y acorde a nuestra esencia natural
y belleza. ¿Por qué se pierde la magia del
sexo en debates religiosos, éticos y sociales? ¿Por
qué muchas personas necesitan justificar el sexo
con lo de tener hijos, la consagración de un matrimonio
o no me queda más remedio porque él/ ella
lo desea? ¿Puede haber plenitud en relaciones meramente
sexuales? ¿Por qué vivimos tiempos donde
todo está permitido pero reina la insatisfacción
sexual, sobretodo en las mujeres? ¿Por qué tantas
personas mandan todo a paseo buscando plenitud en el sexo
para luego cargar con amargas culpas? Son demasiadas preguntas
para un hecho tan simple como es nuestra sexualidad: un
don que nos da la vida para celebrar la vida misma. A través
de este blog exploraremos nuestra naturaleza sexual, su
belleza y regocijo. Estáis todos invitados.
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